Martes 28 de Septiembre del 2021

La influencia de la política en los Juegos Olímpicos.

REDACCIÓN POLITICA. Los recientes juegos olímpicos realizados en la ciudad de Tokio han evidenciado  nuevamente la intervención de la política de algunos de sus países participantes.

Si bien es cierto que estas competencias deportivas deben ser íntegras y enfocadas solo a destacar el talento de los participantes,  la realidad es que se ha omitido el contenido de la Carta Olímpica, donde se prevé que debe existir la neutralidad a nivel político.

La política hace acto de presencia

Estos Juegos Olímpicos de Tokio 2020 no escaparon de los conflictos políticos.

Entre los casos más resaltantes está la atleta bielorrusa Kristina Timanovskaya, quien afirmó que el gobierno de su país le negó participar en la competencia de los 200 metros planos femeninos. Intentaron devolverla a su país, luego de haber criticado a las autoridades deportivas nacionales, por lo que solicitó a Japón que le concediera asilo político por temor a ser arrestada en su país.

Otro jugador que dio de qué hablar fue el boxeador venezolano Eldric Sella, quien participó en estos Juegos Olímpicos como jugador del equipo de refugiados. Aunque quedó descalificado en su primer intento,  dejó claro que su participación en un equipo sin bandera era en representación de los millones de sus compatriotas que actualmente se encuentran fuera de su país

Esto ha ocurrido en la historia

El deporte se ha visto empañado por la política a lo largo de la historia. Por ejemplo, en los tiempos de la Guerra Fría, imperaba sobre los ideales de los jugadores los intereses particulares de la Unión Soviética y Estados Unidos.  Igual sucedió en 1936, en los Juegos Olímpicos de Berlín, en el que se boicoteó este evento para demostrar el descontento mundial  contra Hitler.  

Es deber del Comité Olímpico mantener el principio de neutralidad política, destacando siempre los valores e integridad de los deportistas, así como su talento físico, más allá de cualquier otro interés.  Ya basta de repetir una y otra vez algún hecho con influencia política que empañe estas competencias y discrimine a sus jugadores.

El deporte  debe ser siempre la unión entre países, de sana competencia que resalte los  valores éticos, como primer estandarte de lo que deben ser unos verdaderos Juegos Olímpicos.  

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